– ¡Muévete! haz ejercicio. El que quieras, cuando quieras, pero hazlo. Anda, corre, salta, nada, levanta pesas, sube escaleras, lucha, combate, baloncesto… o todos. Tu decides.
– Come comida de verdad. La comida de verdad es la que tu abuela reconocería como tal. La comida de verdad no se compra hecha, se cocina. La comida de verdad no sale de una fábrica, sale de un huerto, de un prado, del mar, de un río, de un árbol…

Esas dos han sido mis premisas hasta hace alrededor de un año pero, hoy día, por todo lo leído y aprendido, aplico y recomiendo dos más que afectan tanto a la salud física como mental:
– Cuando comas, come. De perogrullo ¿no? pues prueba. No veas la TV, no pienses en otras cosas, piensa en la comida y saborea lo que te metes en la boca. Te ayudará a comer tranquilo, a evitar problemas de digestión, a saciarte y a ser consciente de lo que haces. Te ayudará a alimentarte en lugar de cebarte.
– Cuida lo que piensas. “¿Eh?” que cuides lo que piensas, que tu mente lo oye y se lo cree. Si piensas que no puedes, que tu vida es una mierda o que no eres capaz de levantarte a las 6 a correr 15′ lo convertirás en realidad.

Ya está, no hay más (ni menos), es así de sencillo. 

Come (comiendo) comida
Haz ejercicio
Sé positivo

Y disfruta, por supuesto.