Criamos y engordamos animales en granjas, hartándolos de antibióticos y hormonas, para que nos den “comida” cuanta más y cuanto antes mejor.


Gallinas que no salen de una jaula en la que apenas pueden moverse durante toda su vida.

Pollos hacinados, a los que se les corta el pico para que no se dañen unos a otros por los problemas mentales que les supone tener luz más de 18h diarias, con el objetivo de que apenas duerman y sigan comiendo para engordar cuanto antes.

Vacas encerradas que sólo viven mientras dan leche.

Los alimentamos con piensos fabricados en muchos casos con restos de otros animales y cereales.

Todo para que nosotros, la especie dominante, podamos tener “comida” a cualquier hora en cualquier momento y lo más barata posible. No importa cómo se trate a los animales de los que nos alimentamos, no importa lo que coman, no importa cómo vivan, son sólo comida.

A una madre se le limitan mucho las medicinas que puede tomar durante la lactancia, porque éstas pasan a la leche, pero a las vacas que nos dan la leche las hartan a porquerías y nadie dice nada.

Un vídeo en el que unas vacas que iban a ser sacrificadas, porque el granjero no puede mantenerlas, y que han vivido siempre en la granja, son liberadas en el campo gracias a la intervención de una fundación:


Recuerda que somos lo que comemos y decide qué quieres ser.

¿Alternativas? las hay, por supuesto, el problema es que no son fáciles de encontrar ni tan baratas como los sucedáneos de comida que nos venden en casi todas las superficies y tiendas.

Leche fresca certificada de vacas de pasto.
Carne de pasto.
Verduras ecológicas tratadas sin pesticidas.

Yo estoy en proceso de comer comida de verdad, poco a poco.